El Santiago de mis sueños...
Era Santiago, no Santo Domingo, el prototipo de ciudad donde quería residir. Por la calidez de su gente, el compadreo, la apacible mezcla de urbe que crece respetando la naturaleza que invade cada patio, el canto de las marchantas, las cervezas y quipes de Bader, la euforia de los aguiluchos, sus montañas cercanas (ahora violadas), y los pericos ripiaos que me enloquecen. Pero, ¡oh desgracia!, lentamente el narcotráfico y la delincuencia comenzaron a hacerse dueños del territorio, secuestrando la paz que disfrutaban sus ciudadanos honestos. Hoy, los hacendados acomodados de la región temen enviar sus hijos a estudiar en las eficientes universidades de Santiago, porque son invadidos de noticias sobre asaltos y asesinatos, hasta por la sencillez de robar un teléfono celular. Las balaceras por cobro de deudas de drogas sin pagar, o por la ocupación de un territorio “ajeno”, trae locos a todos los barrios marginales y mantiene en áreas limitadas a los de las clases media y alta. ...